Fabi Kane y la primera temporada
Tras años vinculado a la producción y al trabajo colectivo, Fabi Kane encuentra en Kane Season una carta de presentación y el registro de una etapa marcada por los vínculos, la culpa, los excesos, el sacrificio y el cambio. En esta conversación, el rapero y productor de Maipú habla sobre el origen de su identidad artística, la música como refugio y el desafío de crear sin descuidar a la persona detrás del proyecto.
Antes de ocupar el centro de sus propias canciones, Fabi Kane pasó años construyendo música desde otro lugar. Comenzó experimentando con una guitarra, aprendió producción de manera autodidacta y encontró en el trabajo colectivo un espacio para desarrollar oficio, confianza y comunidad. El paso hacia el micrófono no respondió a un plan trazado desde el inicio: apareció entre viajes, maquetas, amistades y la necesidad creciente de levantar una voz propia.
Ese recorrido tampoco puede separarse de Fabián, la persona detrás del nombre. Oriundo de Maipú y psicólogo de profesión, trabaja a tiempo completo realizando evaluaciones para tribunales de familia en casos de vulneración de derechos de niños y adolescentes. La exigencia de esa labor convive con ensayos, grabaciones, presentaciones y horas dedicadas a producir. En esa tensión —entre la entrega y el cuidado, la ambición y el cansancio— se encuentra una parte esencial de su música.
Kane Season es el punto en que ese trayecto se vuelve una declaración artística más definida. El proyecto reúne canciones creadas durante aproximadamente un año y ordena experiencias que, en la vida de Fabi Kane, ocurrieron de verdad: la distancia con personas importantes, el deseo de bienestar, el enamoramiento, los cuestionamientos, la euforia de un show, el vacío posterior y la decisión de abandonar hábitos que comenzaron a hacerle daño.
“Mi arte va surgiendo a medida que me pasan cosas, aprendo y me equivoco”, explica. En esa frase cabe el hilo conductor del disco y de esta conversación: Fabi Kane no presenta una versión resuelta de sí mismo, sino una temporada de transformación. En ella, el deseo de posicionarse dentro del rap convive con una certeza que ha aprendido a cuidar: antes que artista, es persona.
Entrevista
¿Por qué Fabi Kane y cómo ese nombre se convirtió en parte de tu identidad artística?
El nombre surge originalmente por Freddie Gibbs, que tiene un alter ego llamado Freddie Kane. Esa personalidad es más desatada, más vinculada al exceso y al vacile, y cuando adopté el nombre yo también estaba atravesando una etapa parecida.
Con el tiempo, el concepto fue mutando y empecé a reconectarlo con otras influencias que tenía desde chico. Veía mucha lucha libre y me gustaban Kane, Rey Mysterio y todo el imaginario de las máscaras. Ahí el nombre empezó a tomar otra forma y a tener mayor coherencia con mi propia estética, porque también tiendo a utilizar mucho el negro y el rojo.
Entonces, partió inspirado por Freddie Kane, pero con el tiempo lo fui integrando a mi propia identidad artística.
Has aparecido en medios como La Junta Plus, te has presentado en escenarios como Sala SCD Bellavista y lanzaste Kane Season. ¿En qué momento de tu carrera sientes que estás?
Siento que estoy en un momento de entrega y también de posicionamiento dentro de la escena del rap que se está haciendo actualmente.
Y no lo digo solamente por haber sacado el disco. Durante este proceso también he generado vínculos orgánicos con otros artistas que hacen la música que me gusta y que se relaciona con lo que estoy haciendo. He formado amistades, relaciones de trabajo y posibilidades de colaborar próximamente.
El disco me permitió tener una carta de presentación y salir de esa faceta netamente de productor desde la que comencé. En proyectos anteriores de Senda Nostalgia empecé a cantar y rapear, y eso me permitió conocerme, entender qué quería hacer y descubrir dónde me sentía cómodo.
Kane Season refleja sonoramente el lugar desde el cual me posiciono como artista dentro del rap. Siento que tiene una visión sincera y concreta. Otros colegas me han dicho que tengo una forma visceral y directa de escribir, y siento que eso también es muy parte de cómo soy. Mi arte va surgiendo a medida que me pasan cosas, aprendo y me equivoco.
Además de tu proyecto musical, tienes un trabajo de tiempo completo como psicólogo. ¿Cómo conviven esas dos dimensiones de tu vida?
Todo lo que está pasando ahora es resultado de años de trabajo. En mi caso, además, tengo un trabajo full time. Soy psicólogo y realizo evaluaciones para tribunales de familia en casos de vulneración de derechos de niños y adolescentes. Es un trabajo demandante tanto en tiempo como emocionalmente.
Por eso intento compatibilizar ambas cosas. Hay momentos en los que siento que podría estar haciendo mucho más musicalmente, pero también entiendo que antes que artista soy persona. Mi salud mental es más importante que sobrecargarme constantemente.
Con un trabajo tan demandante y poco tiempo libre, ¿qué te hace seguir destinando energía a la música?
Mi relación con la música siempre ha sido desde una vía de escape. Empecé escuchando música y encerrándome en mi pieza porque estaba atravesando problemas familiares o porque me sentía mal. La música siempre fue un refugio para sobrellevar esas cosas y evitar caer en pensamientos más negativos.
Siempre he encontrado refugio en las letras de otros artistas y en las emociones que me genera la música. Cuando estoy triste, por ejemplo, escucho música triste para acompañarme en ese proceso, sentir esa tristeza y después ver qué hago con ella.
Creo que eso es lo que me ha mantenido todos estos años intentándolo. La música y el arte han sido vehículos para lidiar con mi vida y con las cosas que me pasan. Me permiten plasmarlas, desahogarme y soltar, tanto en procesos difíciles como en momentos buenos.
También he entendido que entregarlo todo por el arte puede significar descuidar otros ámbitos: la familia, las amistades, socializar o la propia salud mental. Hay momentos en los que me sobrecargo y me cuesta lidiar con todo, pero, al mismo tiempo, esto es lo que me gusta, lo que me llena y lo que le entrega sentido a lo que estoy haciendo.
¿Cómo fueron tus primeros pasos en la música y de qué manera llegaste a la producción?
Mi acercamiento inicial fue escuchando música. Después, alrededor de 2017 o 2018, un amigo me invitó a participar en una idea de banda de dream pop e indie. Nos juntábamos a tocar todas las semanas. Él componía y yo era una especie de segunda guitarra. Nunca desarrollé demasiada técnica con el instrumento; era principalmente una forma de descarga y de pasarlo bien.
Este amigo utilizaba Ableton para programar baterías y grabar cosas. Me lo mostró y, como en ese momento también escuchaba mucho trap estadounidense, Migos, Suicide Boys y cosas más oscuras, pensé que yo también podía hacerlo. Empecé a investigar mediante tutoriales de YouTube y a hacer mis primeras pistas, que eran principalmente de trap oscuro.
Después fui acercándome a Henry y Caeiro, con quienes estudiaba en la misma universidad. Henry tuvo la idea de formar un colectivo y generar una plataforma en la que distintos artistas pudieran apoyarse, hacer música y desarrollar arte desde la amistad y los vínculos.
Al principio entré como una especie de coproductor o asistente. Vlady tenía mucho más conocimiento técnico y experiencia, pero progresivamente fui involucrándome y ganando confianza. Después empezamos a hacer proyectos más grandes. Participé en Pudahuel 96, donde hicimos prácticamente la mitad del disco entre Wlady y yo, y ocurrió algo parecido con otros proyectos. Ese fue el inicio: primero desde la producción y después, progresivamente, desarrollando mi proyecto personal.
Ya tenías un lugar como productor dentro del colectivo. ¿Qué te llevó a comenzar a cantar y rapear?
Creo que nació desde la idea colectiva de hacer un disco. Nos fuimos a la playa con la intención de hacer música entre todos. Fue un viaje en el que pasó de todo: el auto quedó en pana, tuvimos que volver, después finalmente llegamos y se cortó la luz en el Airbnb. Aun así, empezaron a aparecer algunas maquetas.
Había un tema, Mambo, que me gustaba mucho. Me transmitía algo relacionado con la hermandad y la comunidad del colectivo, y sentí que quería participar, que podía aportar algo. Al principio fue simplemente el ejercicio de hacer algo entre todos: “vamos a rapear todos y veamos qué sale”.
Cuando salieron esos temas, algunas personas cercanas empezaron a decirme que les gustaba cómo rapeaba y que debería hacerlo más. Inicialmente desconfiaba un poco porque eran mis amigos y pensaba que quizás me lo decían justamente por eso. Pero después aparecieron otros singles y empecé a sentirme cómodo en ese espacio.
El proyecto personal comenzó realmente después de un accidente en bicicleta en el que me fracturé tres costillas. Estuve casi un mes con licencia y pensé: ya habían salido los proyectos de los cabros y yo también quería construir mi propio espacio. Empecé a trabajar lentamente, cuando tenía tiempo, energía y ganas. Fui conociendo otros artistas y definiendo mejor qué quería hacer. Ahí entendí que quería moverme principalmente dentro del rap.
Además, siempre me gustó escuchar mucha música y el rap me permitía trabajar con samples. Antes escuchaba canciones y pensaba “esto sonaría increíble en un beat”; ahora tenía las herramientas para hacerlo: samplear, crear el beat, escribir encima y construir una canción. Ese fue el camino que finalmente me llevó a rapear.
Tu escritura se siente cruda y directa, aunque también utiliza metáforas. ¿Cómo describirías tu manera de escribir?
Nunca había hecho ese ejercicio. Mi forma de escribir no es rápida. Siempre me ha costado un poco porque, aunque el resultado pueda parecer simple, siento que existe una complejidad detrás.
Intento utilizar ciertos recursos y metáforas para encontrar una simpleza que se sienta natural, pero que al mismo tiempo permita entender que existe un trasfondo. No quiero estar diciendo cualquier cosa. Quiero expresar lo que siento de una manera directa y concreta, buscando referencias en mi propia vida y en mi forma de ver las cosas.
Creo que podría definirlo desde ahí: una cierta simpleza que tiene una complejidad detrás. Nada está dicho simplemente por decirlo. Más que posicionarme como un referente para alguien, lo que busco es ser sincero conmigo mismo. Y creo que esa crudeza es finalmente una de las cosas que otros reconocen cuando escuchan mi música.
¿Qué influencias terminaron construyendo ese lenguaje musical?
Mis referentes iniciales no necesariamente venían del rap. Me gustaba muchísimo Sonic Youth, por ejemplo. Me atraía ese sonido más oscuro y abstracto. También Cocteau Twins y toda esa sonoridad más dream pop, etérea y atmosférica.
Cuando escuchaba rap, mis principales influencias venían más desde Estados Unidos, aunque cuando era más chico también escuchaba artistas chilenos como Mente Sabia, Ana Tijoux o Tiro de Gracia. Pero nunca tuve necesariamente un referente del que dijera “quiero rapear como esta persona”. Siento que fue más bien esa oscuridad y esa sonoridad que siempre me llamaron la atención las que fueron definiendo cómo hago música.
También crecí escuchando muchas cosas distintas. Mi tío escuchaba Inti-Illimani, por ejemplo. Me fui nutriendo de mucha música y, cuando finalmente empecé a crear, aparecieron esas influencias más oscuras y viscerales.
Personalmente soy una persona cercana, sociable y trato de ser alegre, pero también existe otra parte de mí que carga con la tristeza y con no estar siempre positivo. El arte me permite tomar esa parte y plasmarla.
¿Por qué decidiste hacer un disco y qué recorrido existe detrás de Kane Season y sus canciones?
El primer beat que hice pensando realmente en un proyecto fue el de la introducción. Encontré un sample que me produjo una sensación muy fuerte, muy celestial y etérea. En ese momento estaba en la casa de mis padres y cargaba con cierta culpa respecto de mis vínculos cercanos. Por dedicar tanto tiempo a la música, independizarme y montar un estudio, había perdido parte del contacto cotidiano con personas importantes para mí.
La introducción nació desde ahí. La interpreto como un momento en el que llegas a un estado mental donde vuelves a encontrarte con personas que ya no ves, sea porque ya no están físicamente o porque perdiste el vínculo con ellas. Puede entenderse como el momento de la muerte y el reencuentro con esas personas, o como un viaje provocado por drogas en el que tienes una especie de iluminación. Necesitaba transmitir eso y enviarles un mensaje.
Después apareció Bien Fly y progresivamente comenzaron a surgir más maquetas. Originalmente iba a ser un EP de cuatro temas, pero fui descartando canciones, conociendo gente y entendiendo que podía hacer algo más grande. Las colaboraciones también aparecieron de manera muy orgánica. Muchas nacieron de amistades y conexiones genuinas con artistas que admiraba.
Con el tiempo me di cuenta de que las canciones podían organizarse como una especie de recorrido. Quizás no existe un concepto rígido, pero sí hay una historia y una continuidad. La introducción representa ese encuentro. Después viene Lo Que Quiero, donde planteo qué es realmente lo que quiero: que mi gente esté bien, tener dinero y poder vivir tranquilo.
Luego aparece Bien Fly, que para mí no significa solamente estar volado, sino estar en un estado de flow donde las cosas simplemente van ocurriendo. Eso también representa cómo se hizo el disco: no lo hice en dos o tres meses, sino durante aproximadamente un año, mientras las cosas iban sucediendo.
Después aparece una especie de recorrido sentimental: conocer a alguien, decidir jugársela por esa persona y posteriormente enfrentar tensiones. Más adelante vuelven los cuestionamientos sobre lo que estoy haciendo y sobre si esto es realmente lo que quiero. En Si Dios Castiga aparece esa reflexión: he sacrificado tiempo, amistades, momentos familiares y muchas cosas por esto, entonces necesito sentir que todo ese sacrificio tiene algún sentido.
Después aparece nuevamente un punto máximo de energía en No La Saben Hacer Así. Es ese momento en el que te sientes el mejor, como cuando estás tocando en vivo y ves a la gente motivada. Pero después de ese punto máximo también aparece el vacío. Por eso el disco termina con Abstinencia.
¿Qué representa Abstinencia en el cierre del disco y en tu propio proceso?
Abstinencia vuelve a mi gente, a mi barrio, pero también tiene un significado muy personal. Hubo un período en el que estaba consumiendo drogas y alcohol, y esas cosas empezaron a afectar mi bienestar, cómo me sentía conmigo mismo y cómo me relacionaba con los demás.
En algún momento entendí que tenía que empezar a dejar las cosas que me estaban haciendo mal. Por eso aparece la abstinencia. Empiezo a comprender que puedo levantarme y agradecer que estoy vivo y las decisiones que he tomado, incluso después de haber sentido culpa o de haber cuestionado muchas cosas.
El proceso de creación del disco también me permitió entender hasta dónde podía llegar y qué cosas tenía que cambiar. Me demostré que podía rapear, pero también que podía dejar cosas que me estaban haciendo daño sin perder mi brillo, mi personalidad o mis ganas de hacer lo que hago. En algún momento pensé que eso era prácticamente imposible y después entendí que sí podía.
Por eso también se llama Kane Season: es una temporada de mi vida. El disco encapsula distintos momentos: intentar amar a alguien, fallar, cuestionarme, sentirme el mejor y después sentirme vacío; tocar un show y al día siguiente tener que volver a trabajar. Todo eso ocurrió realmente y fue entrando al proyecto. Por eso siento que existe algo genuino y visceral.
Incluso la portada responde a eso. La sangre en mi cara representa una lucha. Era un proceso del que no iba a salir ileso ni perfectamente maquillado. La realidad fue algo que me hizo llorar y sentir angustia, pero que también me produjo mucha felicidad. Kane Season termina siendo esa primera temporada y mi primer acercamiento a todo esto como artista.
Después de Kane Season, ¿qué viene para Fabi Kane?
Desde hace algunos meses estamos desarrollando un trabajo más sistemático con Senda Nostalgia para volver a sacar música como colectivo. Nos estamos juntando todos los fines de semana a grabar. También hemos invitado a otros productores y estamos intentando generar bastante volumen de canciones para después seleccionar y pulir las que consideremos mejores.
A nivel personal he estado volviendo un poco al inicio. Estoy escuchando mucha música, buscando samples y haciendo loops. Tengo una carpeta de beats y estoy pensando en desarrollar un EP de cuatro o cinco canciones. Me gustaría que fuera un proyecto corto, producido por mí y con una sonoridad quizás más amorosa, porque también representa el proceso que estoy viviendo actualmente.
Además, tengo ganas de volver a enviar beats a colegas y amigos. No necesariamente regresar por completo a mi etapa de productor, pero sí reconectar con ese lado de beatmaker. También quiero colaborar con varios artistas que he conocido y con quienes ya hemos conversado sobre hacer cosas.
Pero estoy intentando darme un respiro y cuidar mi salud mental. No quiero hacer cosas simplemente por hacerlas. Estoy volviendo a conectar con qué quiero decir, cómo estoy actualmente y qué quiero transmitir ahora.
Conectar y Crecer
La historia de Fabi Kane no comienza cuando decide ponerse frente a un micrófono, sino mucho antes: en una pieza donde la música funcionaba como refugio, en el aprendizaje autodidacta de la producción y en una comunidad de amigos que convirtió la creación en un ejercicio compartido. Su paso de productor a rapero fue gradual, pero la necesidad que lo sostiene ha permanecido: transformar lo que vive en una forma de comprenderlo y soltarlo.
Esa continuidad permite leer Kane Season como algo más que una carta de presentación. El disco reúne el deseo de avanzar y el costo de hacerlo; la euforia, la culpa y el vacío; el apego a su gente y el riesgo de alejarse de ella.
También por eso el concepto de temporada resulta preciso. El proyecto fija una etapa sin convertirla en una identidad definitiva. Después de asumir su lugar como rapero, Fabi Kane parece entrar a un nuevo momento: volver a los samples, a los beats y al trabajo con Senda Nostalgia; proyecta canciones y colaboraciones futuras, pero las espera con calma y sin apuro. Sin prisa pero sin pausa.
Si esta primera temporada estuvo marcada por el levantamiento de su voz, la siguiente comienza con una certeza menos visible, aunque decisiva: volver a conectar y seguir creciendo.
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